Friday, March 13, 2009

Autorretrato de un joven culpable de su belleza

Eros es el amor a la Belleza
Platón

Delante del espejo, mi nariz parece aún más recta que la de Antinoo. De pronto me asusta esta sorprendente semejanza con la belleza clásica. No hay nada más terrible que la perfección –me dijo- pero yo sigo cortándome el pelo con esmero, calculando el ángulo que forman las entradas en mi frente. Elijo la gama cromática de mi ropa según la tonalidad del cielo: los días claros prefiero vestir de oscuro, y los días oscuros de colores magenta, anaranjados, para parecer un rayo en medio de la noche. Miro el espejo, me miro en el espejo y siento miedo.

Tengo miedo, no puedo evitarlo, después de todo. Yo soy un chico normal aunque la Naturaleza ha trazado mis pómulos y mi boca teniendo muy en cuenta el número aúreo. ¿Por qué dudo de mí? Maldigo el día que me escribió, el día que puso en duda mi presencia física. Ni que fuera de aire. Tal vez soy de aire. Lo primero que me escribió decía “tú estás ahí, como esa entelequia que camina empujada por el viento, y yo estoy aquí, con ganas de ponerte olor y textura”

Entonces trato de capturar mi imagen en el espejo. Trazo una línea gruesa alrededor del busto, y la dejo allí. Quiero fotografiarme exactamente en esa posición, con esa mirada aturdida, vaga. ¿Alguien imaginaría que yo fui bizco de pequeño?

1 comment:

a p n e i c a said...

asusta ser trazo de otros.
qué bueno.